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Mi historia con la radio: una pasión que me acompaña desde 1991

12 de octubre de 2026 · Alejandro (LW8DLG)

Mi historia con la radio comenzó a comienzos de ese año, aunque creo que el bichito ya me había picado un poco antes.

En 1990, junto a mi familia, participamos de un encuentro sudamericano de clubes de motorhomes en Foz do Iguaçu. Recuerdo que muchos de los vehículos llevaban equipos de radio y que uno de ellos incluso tenía una sala de radio en su interior. Una imagen que, sin saberlo, iba a quedar grabada en mi memoria.

Al año siguiente, mi papá compró unos viejos Uniden Pro 510 de banda ciudadana para comunicarse entre los distintos motorhomes que integraban las caravanas del Ranchomóvil Club Argentino de La Plata.

Fue también en 1991 cuando decidió hacer el curso de radioaficionado en el Centro de Radioaficionados «Dardo Rocha» de La Plata, LU4DRC. Yo tenía apenas 11 años y, mientras él se adentraba en ese mundo, algo empezaba a despertar en mí. Era el famoso bichito de la radio.

A fines de ese año, mi papá obtuvo su señal distintiva, LW7EVF. Para entonces, yo ya estaba convencido de que quería hacer el curso. La radio me gustaba cada vez más y sabía que, tarde o temprano, iba a llegar mi momento.

Ese momento llegó en 1996, cuando decidí anotarme en el mismo radioclub. Allí obtuve mi señal distintiva, LW8DLG, que me acompaña hasta el día de hoy.

Algunas anécdotas radiales

En todos estos años acumulé muchísimas historias. Si tuviera que elegir algunas, me quedaría con tres que reflejan muy bien lo que la radio significa para mí.

La primera ocurrió en 1992 en Entre Ríos. En una época en la que no existían los celulares ni los GPS como los conocemos hoy, viajábamos en una caravana de motorhomes cuando uno de sus integrantes comenzó a sentirse mal. Necesitábamos encontrar una farmacia de turno y, entre los vehículos, nos comunicábamos por VHF para intentar localizar alguna que estuviera abierta.

Lo que no sabíamos era que un radioaficionado de la zona nos estaba escuchando. Él pensaba que éramos camioneros y no se daba cuenta de que se trataba de una caravana de turistas. Finalmente, a través de la radio, nos fue guiando hasta la farmacia de turno más cercana.

Pero la historia no terminó ahí. Después de ayudarnos a resolver el problema, fue a buscarnos y nos llevó hasta un terreno de su propiedad, en las afueras de Paraná, para que pudiéramos estacionar los motorhomes y pasar la noche.

Un desconocido que nos escuchó por radio terminó tendiéndonos una mano en el momento justo. Esa es una de esas cosas que uno nunca olvida.

La segunda anécdota tuvo lugar en enero de 1993, durante otra caravana de motorhomes y casas rodantes rumbo al Glaciar Perito Moreno. Estábamos en Gaiman, una localidad de Chubut fundada por colonos galeses, cuando, mientras conversábamos por radio, una chica se sumó a la charla.

Lo que empezó como un contacto radial terminó de una manera inesperada: acabamos comiendo en su casa, junto a su familia. Y lo más lindo es que, tantos años después, seguimos manteniendo una hermosa amistad.

La radio me regaló muchísimos amigos y me permitió conocer personas increíbles. Pero también me enseñó algo que con el tiempo fui comprendiendo cada vez más: cuando los medios de comunicación habituales dejan de funcionar, la radio puede convertirse en un vínculo fundamental entre las personas.

**Cuando la radio se convierte en algo más que un hobby ** En abril de 2013, La Plata sufrió una inundación trágica que dejó una huella imborrable en nuestra ciudad. Hasta el día de hoy, la cifra exacta de víctimas sigue siendo motivo de discusión.

A medida que el agua avanzaba, los servicios comenzaron a fallar. Los celulares estaban colapsados y, en medio de tanta incertidumbre, resultaba muy difícil comunicarse con nuestros seres queridos.

Yo necesitaba saber cómo estaba mi familia, que se encontraba en su QTH, a unas 15 cuadras de distancia del mío. No teníamos electricidad y las comunicaciones telefónicas no funcionaban como debían.

Entonces agarré uno de mis handies y lo conecté a la antena exterior. Mi familia hizo lo mismo desde su casa y, de esa manera, pudimos comunicarnos y confirmar que todos estábamos bien.

En medio de una situación desesperante, cuando no teníamos otra forma de saber unos de otros, la radio nos permitió mantenernos en contacto. Fue una experiencia que reafirmó algo que siempre había sentido, pero que en ese momento adquirió un significado mucho más profundo.

## **### Una pasión que también es un servicio

** Por todo esto, cuando hablo de radioafición, no pienso solamente en equipos, antenas, contactos a larga distancia o en la satisfacción de escuchar una señal que llega desde otro país.

Pienso también en las amistades que nacen a través de un micrófono, en las personas que aparecen para ayudarnos sin conocernos y en la posibilidad de comunicarnos cuando todo lo demás falla.

La radio es un hobby hermoso, que me acompaña desde que era chico y que sigue despertando la misma curiosidad y entusiasmo de aquellos primeros años. Pero también tengo muy presente que la radioafición es un servicio que podemos brindar a los demás.

Porque la radio no solo sirve para comunicarnos: también puede ayudar, acompañar y, en determinadas circunstancias, marcar una diferencia enorme.

Y si algo aprendí desde aquel 1991, es que detrás de cada señal hay una persona. A veces, alguien con quien compartir una charla; otras, alguien que necesita una mano. Y siempre está la posibilidad de que, del otro lado, haya alguien dispuesto a responder.

Alejandro Basterretche LW8DLG

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